Un Pabellón en un jardín, en un parque en la montaña - Fundació Mies van der Rohe

Un Pabellón en un jardín, en un parque en la montaña

Si decimos Pabellón Mies van der Rohe ¿piensas en arquitectura o en naturaleza? ¿En ciudad o en montaña? Si vienes con tiempo y calma, dispuesto no solo a una visita rápida, si no con ganas de disfrutar de la observación o la contemplación, descubrirás no solo una pieza de arquitectura magistral si no también el riquísimo entorno natural que lo rodea, las zonas boscosas y los caminos verdes de esta colina que en su cara opuesta da al mar.

El sitio donde está emplazado el Pabellón, que los arquitectos pensaron cuidadosamente y modificaron respecto a la propuesta inicial del encargo recibido, cose la falda de la montaña con el tejido urbano más denso. Un espacio urbanizado que dialoga con un entorno de naturaleza que aloja otros jardines y equipamientos culturales que configuran el Parque de Montjuïc y que constituyen una propuesta de ocio que suma cultura y naturaleza. Así se diluyen fronteras entre ideas que tendemos a leer como contrapuestas, que es una de las características que confieren singularidad y valor al Pabellón Mies van der Rohe.

Esta misma mirada que hacemos con el entorno la podemos hacer con el propio jardín del Pabellón, un espacio donde estar entre árboles y plantas cuidadosamente cuidadas durante todo el año, estos días lleno de flores y pájaros. Si miramos a través del tamizado de los cristales tintados vemos que el jardín se incorpora en él como un material constructivo más que confiere textura incorporando las formas orgánicas a una geometría rígida, igual que lo hacen las vetas de los mármoles o el gesto de la escultura de bronce o el movimiento del agua sobre las piedras o el fondo de cristal negro en una ambivalente ambigüedad que suma transparente y sólido, cristal y agua, piedra y acero. Pequeño y grande, simple y elegante, paisaje y arquitectura, efímero y eterno.

Categoría


Lugar

Parque de Montjuïc